lunes, noviembre 16, 2009

PERDÓNAME, PERO TE LEO


David González, el proletario de la literatura, el delincuente de la poesía, ha cerrado su bitácora “Perdóname, pero te amo” porque se cansó de amar y de que le perdonaran la vida cibernautas (cibergaitas) que no le correspondían leyendo sus libros.
David González, el hombre del ex libris, el Sísifo de los versos, dedicaba varias horas diarias a actualizar su bitácora con contenidos poéticos interesantes y difíciles de encontrar; y lo hacía gratis, y recibía elogios de cientos de lectores y lectoras, asegurándole que era un genio, un poeta de la repera, un ejemplo a seguir –pero no a adquirir, parece.
David González, marginado por las instituciones, empezando por la institución familiar y terminando por las instituciones endémico-académicas, que escribe de la vida porque no se la han contado, sino que la sufre, los ha mandado a todos a pasar por caja -30 euros al año-, y que les den.
David González es un representante de lo que podríamos llamar imposibilismo literario: el arte de escribir cada día mejor sin mendigar una nota en un suplemento, en un periódico, en una esquela de muerto vivo; el arte furioso y solitario de vivir y morir en poeta.
David González no pretende vivir de la poesía –que no se equivoque nadie-: lo que pasa es que la poesía le ha salvado la vida a David González.

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sábado, noviembre 14, 2009

¿ASTURIAS Y TE CALLAS?


Me dice alguien que, en Asturias, ya no nos queda ni un amigo que conserve su trabajo: todos han sido despedidos en los últimos meses, con la excusa esta de La Crisis.
Y, aunque los periódicos no se ocupan mucho de ello, parece ser que ya son legión los matrimonios con hijos que han vuelto a casa de sus padres, con los tiernos nietecitos a cuestas, porque ya no pueden pagar la hipoteca, el alquiler o lo que sea.
Y, como somos tan civilizados, no se está quemando nada. La gente se resigna en espera de que La Crisis, que llegó no se sabe cómo, se vaya también no se sabe por qué.
Los supervivientes del empleo trabajan más y por menos dinero, por miedo a verse en la calle, donde no se estaría tan mal si nos decidiésemos de una vez a levantar los adoquines y ver si debajo está la playa o la tumba de algún explotador.
Pero qué va, la reconversión industrial, que empezó hace más de un cuarto de siglo, ha reconvertido a los obreros asturianos en trabajadores precarios del sector servicios, o sea, en siervos, y hay quien no se atreve a morder la mano que le dan a lamer.
En las próximas elecciones, muchos, hartos de un partido de izquierdas que se la mete por la derecha, votarán al partido de derechas que promete meterla por el centro.
Qué pena que Asturias esté en la Tierra y la Tierra sea redonda; si fuera plana, podríamos tirarnos por el borde abajo. Ahorraríamos tiempo, ahora que dicen que hay que controlar el gasto.

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viernes, noviembre 13, 2009

UNA ILUSIÓN DE POBRE


El jefe y medio colegui de un amigo, o el medio jefe y amigo de un colegui –p’al casu, patates; que decía mio güela- quiere comprarse una casa o un apartamento o un algo para venir a hacer el paripé a Londres de vez en cuando; y Vanitas, entre el fuego cruzado, acaba visitando un flat en una zona chachi de la ciudad.
El agente inmobiliario que le presenta el lugar es joven, limpio, educado, abierto, alto, rubio, sanamente atlético, sonriente, perfecto; y viene uniformado de agente inmobiliario: chaqueta americana oscura y desabotonada, camisa azul cielo sin corbata, pantalones de pinza que le pinzan los huevos y zapatos negros de piel de cocodrilo harto de llorar, hartísimo.
Total que, cuando entran al coqueto y pequeño apartamento, ideal para venir a echar un polvete de fin de semana, aunque haya que tomar un avión, aunque haya que gastar una pasta, encuentran a la limpiadora, una señorina gorda, despeinada, canosa, en mandilón de faena, con las manos gastadas por una vida de trabajo.
La señorina es portuguesa y dice que lleva 23 años limpiando para la familia que vende el piso y que le gustaría seguir trabajando para el nuevo dueño. Y le apunta a Vanitas su teléfono, con esperanza de que interceda y la contacten.
Y Vanitas se guarda el teléfono y se ríe en portugués, es decir, con tristeza, porque la señorina no sabe que Vanitas es sólo un mindundi que se ha puesto una camisa limpia y se ha peinado la patética melena de putita para ver un apartamento cuya entrada no podría pagar ni aunque se pusiese a trabajar, que no se va a poner.
“Señorina”, piensa Vanitas, mirando la caligrafía clara y limpia de la mujer, “usted es inmensamente rica, aunque no lo parezca: al menos usted espera algo del futuro”.

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martes, noviembre 10, 2009

DINERO POR MORIRSE


Llaman a Vanitas de la caja de ahorros. Que le vamos a hacer una oferta especialísima para nuestros clientes, que si gasta 600 euros en quince días, realizando compras con la tarjeta de crédito de la entidad, le ofrecemos un seguro de vida del que podrá beneficiarse, hasta la cantidad de 50.000 euros, en caso de muerte accidental.
-O sea, que me conviene morirme –concluye el esquelético poeta pobreta.
-¡No, no, nosotros no hemos dicho eso! –grita la voz femenina al otro lado de la línea, algo escandalizada, porque el sentido del humor no va en el sueldo.
Por el acento andaluz de esta mujer, Vanitas deduce que la campaña especialísima para clientes de una entidad asturiana, ni es tan especialísima, ni es sólo para sus clientes.
Por otro lado, o por el mismo, que tanto da que me da lo mismo, la tarjeta de crédito de Vanitas no es realmente una tarjeta de crédito, porque está vinculada a su cuenta corriente y, cada primero de mes, le deducen de la cuenta las cantidades pagadas con la tarjeta, indefectiblemente. Más que una tarjeta de crédito, es una tarjeta que deja al portador en descrédito.
Por si la tarjeta de descrédito fuera poca desgracia, ahora le ofrecen al poeta pureta 50.000 euros por morirse, y haz que parezca un accidente.
Por sobrevivir, por aguantar este infierno, sin embargo, no ofrecen ni un abrazo.
Cuando no tienes futuro, sólo vales dinero muerto.

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lunes, noviembre 09, 2009

AMANCIO PRADA EN LA NATIONAL GALLERY


Vanitas acude presuroso al llamado del amante trovador Amancio Prada, en la National Gallery, con motivo de algo que llaman Spanish Nights, Spanish Songs o Spanish Something.
Cuando llega, en la sala 30, entre telas de Velázquez y Murillo, ya no hay sillas disponibles: las que no están ocupadas, acutadas están; que la gente acuta como en el colegio, pero con sesenta años. En fin.
Hay ambiente de clase media inglesa, de inquietudes acomodadas; también ambiente de empleados del Instituto Cervantes, inquietantemente acomodables; y una madre recién estrenada que ha traído a su bebé para que dé ambiente llorando en concierto y concertando en el auditorio una unánime querencia por Herodes.
Puntual a la española en Inglaterra, o sea, unos diez minutos tarde, Amancio entra en la sala, con la blanca melena calva y rizada de lirismo, perfumada de siglos y caminos.
Y arranca a tocar la guitarra, que será todo el acompañamiento de su voz.
Y la acústica es una mierda. Cuesta trabajo entenderle si uno desconoce el poema, el romance o la coplilla.
Menos mal que Vanitas sabe de memoria el romance del prisionero –tesoro adolescente de su degeneración-, y las campanas de Rosalía, y las golondrinas de Bécquer (la canción invierte el orden del poema), y con eso se le sosiega la casa de San Juan y muere porque no muere Teresita de Ávila.
Amancio, al final, saca un antiguo instrumento de la manga y la sala se llena de verde, de monte, de humedad, de viento.

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jueves, octubre 29, 2009

FELIZ NAVIDAD


La rescataron de aquel infierno claro y helado, de la competencia inmisericorde de sus congéneres, y recibió con alivio la caricia del plástico, la memoria del balanceo, la frescura del aire.
Surcó las calles arrebatada por la curiosidad, sin preocuparse por su destino, concentrada en la investigación inmediata del entorno.
No dio tiempo a mucho, de todas formas.
Llegó pronto a casa. Una nube de vapor cálido llegaba desde la cocina, a la que se dirigían.
Abrieron la olla y se encontró arrojada en agua hirviendo.
Enrojeció de vergüenza y, poco después, se la comieron con un poco de mayonesa.

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JUERGA A TODA TOGA


A un juez búlgaro le pueden dar la patada por organizar fiestas pop-folclóricas en el recinto judicial.
El juez Nikolay Madzharov tenía la costumbre de colgar, cada jueves, un par de bikinis en la puerta, para indicar que ya había empezado la juerga.
Tanta alegría en un juez es algo que la Corte Suprema de Bulgaria no quiere permitirse, y ha empezado un proceso disciplinario.
Curiosamente, nueve de los 22 miembros de la comisión que considerará el caso han pedido que se les excluya, alegando que conocen personalmente a Madzharov y serían juez y parte.
Las fiestas estaban de puta madre, seguramente, y estos señores no lo van a negar a comisión.
Hace la friolera de 95 años, Miguel de Unamuno escribió esto en un artículo:
“El día en que un grave magistrado se decida a bailar unas sevillanas con toga y con birrete, estará salvada la justicia que administra”.
Suponemos que esto es de aplicación en el caso de Madzharov, aunque en vez de sevillanas prefiriera el folclore búlgaro-balcánico con motivos orientales.
Como las comisiones de investigación nunca vienen solas, al DJ Nikolay le van a meter otra por ciertas desapariciones de computadores y esas cosas que pasan, cuando fue responsable temporal del juzgado de Sofía.
La justicia que administra Madzharov queda salvada por el folclore y un par de bikinis, si creemos a Unamuno.
Pero eso no va a salvar a Madzharov de la justicia (o injusticia) que le administren a él, a menos que abandone la danza oriental para bailarles el agua a sus superiores.
Lo hará, si sabe lo que le conviene.

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martes, octubre 27, 2009

LA MEMORIA PERDIDA, LA MORROCRACIA GANADA


He ido a ver la proyección, en el Insituto Cervantes, del documental Bucarest, la memoria perdida, de Albert Solé, cuya razón de ser (la del documental y la de Albert) es Jordi Solé Tura, o más bien su trayectoria política durante el franquismo.
El documental repasa las andanzas clandestinas de don Jordi, porque fueron las que afectaron a la infancia de su hijo, pero lo que aporta algo al espectador es el contraste, en la persona despersonalizada del político, entre su pasado consciente del futuro y un presente sin conciencia de nada, por causa de la enfermedad de Alzheimer.
Hay un momento en que Solé Tura aparece sentado en el sofá, ensimismado, tal vez intentando desentrañar quién es el mismo, y, de repente, suenan en la sala los acordes de La Internacional. El hombre queda pasmado, como si acabara de recordar un sueño, y empieza a recitar fragmentos, antes de que el sueño se desvanezca.
Al repasar el paso de Jordi Solé por las cárceles franquistas, su hijo y un compañero de Partido en aquellos años, visitan la cárcel Modelo. Abren la puerta de la que fuera su celda y lo que se ve es una estrechez asfixiante, disminuida en sus dimensiones por dos literas de cuatro camas, separadas por un pasillo del ancho de una persona.
En este ambiente, charlan con un preso común que lleva en el talego desde los tiempos en que Solé jugaba a defensor de la libertad, o sea, casi 40 años. Para los pobres, la democracia no ha mejorado las cosas. Los turistas penitenciarios, algo corridos por la evidencia, se despiden, deseándole al preso perpetuo “buena suerte”.
Y pasamos a otra cosa, es decir, a don Jordi en el presente, ante las fotografías y papeles de aquel tiempo, preguntando a su hijo:
-¿Pero yo estuve en la cárcel?
Y el hijo le dice que sí, y le da a leer una de las cartas que escribiera en aquel tiempo. Es significativo que Solé pueda leer la carta, pero no la segunda palabra: “amor”.
Luego, el documental pasa de puntillas por los años en los que Jordi se dedicó a cultivar las rosas que otrora segara con la hoz, porque hay episodios que no hace falta sufrir la enfermedad de Alzheimer para querer olvidarlos.
El realizador no se da cuenta, porque es un niño bien, pero al espectador proleta y pobreta le llaman la atención los lujosos apartamentos y masías y casazas en las que viven estos supuestos revolucionarios defensores de los oprimidos, es decir, su padre y los apologetas de su padre.
Para ellos, la democracia sí ha mejorado las cosas.

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