PERDÓNAME, PERO TE LEO

David González, el proletario de la literatura, el delincuente de la poesía, ha cerrado su bitácora “Perdóname, pero te amo” porque se cansó de amar y de que le perdonaran la vida cibernautas (cibergaitas) que no le correspondían leyendo sus libros.
David González, el hombre del ex libris, el Sísifo de los versos, dedicaba varias horas diarias a actualizar su bitácora con contenidos poéticos interesantes y difíciles de encontrar; y lo hacía gratis, y recibía elogios de cientos de lectores y lectoras, asegurándole que era un genio, un poeta de la repera, un ejemplo a seguir –pero no a adquirir, parece.
David González, marginado por las instituciones, empezando por la institución familiar y terminando por las instituciones endémico-académicas, que escribe de la vida porque no se la han contado, sino que la sufre, los ha mandado a todos a pasar por caja -30 euros al año-, y que les den.
David González es un representante de lo que podríamos llamar imposibilismo literario: el arte de escribir cada día mejor sin mendigar una nota en un suplemento, en un periódico, en una esquela de muerto vivo; el arte furioso y solitario de vivir y morir en poeta.
David González no pretende vivir de la poesía –que no se equivoque nadie-: lo que pasa es que la poesía le ha salvado la vida a David González.
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