HAY QUE ENTERRAR AL PADRE
El 14 de septiembre de 1901, Sigmund Freud y el poeta italiano Corsino Gagliardo coincidieron en Roma. Freud esperaba el tren de regreso a Viena y había llegado con antelación a la terminal, lo que no le impediría despachar erróneamente el equipaje. Gagliardo, lector entusiasta de La interpretación de los sueños, reconoció al sabio vienés y se acercó a participarle una obsesión recurrente: la de no ser hijo de su padre.En la adolescencia, Gagliardo había fantaseado con la posibilidad de ser hijo de algún amante ocasional de su madre, pero la virtud de ésta era tan obvia que pronto esa fantasía se vio sustituida por otra más descabellada y perdurable, nacida de un sueño -que hoy podríamos calificar de premonitorio- en el que Gagliardo resultaba hijo de unos príncipes rusos exiliados en Roma tras el triunfo de una revolución proletaria. El error de una enfermera habría propiciado un intercambio de cunas.
Freud escuchó atentamente su exposición y, al final, le hizo una única pregunta:
-¿A qué se dedica su padre?
-A nada. Es un parásito dañino. ¿Cree usted que debería matarlo, como Edipo a Layo?
El tren entró en la estación en aquel momento. Freud dio la mano precipitadamente a Gagliardo:
-Usted, más que odiar, envidia a su padre.
-Pero su simple existencia me impide publicar. Es como si no quisiera darle ninguna satisfacción, ni en mi propio beneficio.
Freud subió al tren y, desde la ventanilla, gritó algo, pero Gagliardo sólo distinguió un gesto enérgico de negación y la vocalización exagerada entre sirenas, humo, pitidos. Quedó sin saber la respuesta y la lectura de literatura psicoanalítica no le ayudaría a encontrarla: Corsino Gagliardo se suicidó en 1908, dejando una voluminosa e interesante obra inédita. Su padre no sólo le sobrevivió: se enriqueció gracias a la edición de las obras completas de su hijo.
Cien años después, una carta hallada en un archivo particular de Nueva York nos sirve para completar la historia; en ella Freud rememora el encuentro para Otto Rank, y lo remata así: “… Tras preguntarme si debía matar a su padre, el pobre diablo saltaba entre la gente, intentando oír mi respuesta. Le grité que no bastaba matarlo, sino que debía matarlo y enterrarlo, pues la naturaleza de su padre no era la de Layo, que deja un trono, sino la de Saturno, devorador de sus hijos... ¡Espero que me haya entendi
Etiquetas: Milongas

2 Comments:
Wow! Queee fuerte!!!!!!
Una vez mas estoy en desacuerdo con Freud y digo:
Lo que debería haber hecho es publicar todo, enriquecerse y disfrutar su propio logro en el momento, olvidarse del padre...
Aunque claro, esto último sí habría sido matarlo, no lo otro..
Increible historia. Es cierta o la imaginaste vos?
Impresionante. Si, a veces es sano matar a los padres. A tiempo. Para nacer de verdad, con toda la energia recuperada
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